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Aventuras, ciencia y naturaleza: así han sido los campamentos de verano del Life IP Duero

Más de 150 niños y niñas de Arévalo, Castronuño, Rueda, Horcajo de las Torres, Tordesillas y Medina del Campo han participado este verano en los campamentos agroambientales del Life IP Duero. Juegos, ciencia, visitas a fincas y actividades en la naturaleza han convertido estas semanas en una experiencia inolvidable para aprender a cuidar el agua, el suelo y la biodiversidad.

Durante los meses de junio, julio y agosto, los campamentos de verano organizados por el proyecto Life IP Duero se han convertido en un espacio único de aprendizaje y diversión. En total, más de 150 niños y niñas de entre 8 y 12 años han participado en las distintas localidades, con una gran acogida tanto por parte de las familias como de los propios pequeños. La asistencia ha sido muy variada y se ha distribuido en las distintas localidades de la siguiente manera: 40 participantes en Arévalo, 18 en Castronuño, 12 en Rueda, 18 en Horcajo, 33 en Tordesillas, y 36 en Medina del Campo.

Cada jornada comenzaba con la acogida de los participantes, una breve presentación y dinámicas de grupo para crear un ambiente de confianza. Después todos juntos creaban el “Rincón de la Ciencia”, un museo improvisado con plumas, hojas, restos naturales y productos locales como legumbres o zanahorias. A lo largo de la semana, los niños iban ampliando esta colección, entendiendo mejor cómo se relacionan los distintos elementos de la naturaleza.

campamentos de verano del Life IP Duero 1

Las actividades científicas fueron uno de los grandes atractivos. Con el taller de “Investigadores del agua”, los pequeños realizaron experimentos sobre filtración, capilaridad o consumo de agua en el día a día. En Castronuño, además, se organizó una salida de campo por el bosque de ribera, que terminó con el análisis del agua en la presa de San José: pH, oxígeno disuelto, turbidez y hasta identificación de macroinvertebrados.

Uno de los talleres más valorados fue el de análisis de suelo. Armados con lupas, agua, vinagre o agua oxigenada, los pequeños realizaron sencillas pruebas para conocer la textura, la presencia de carbonatos o la capacidad de retención de agua del terreno. “El objetivo era que comprendiesen que el suelo no es solo tierra, sino un ecosistema vivo del que depende nuestra alimentación”, explican desde el equipo educativo del proyecto.

Del campo a la mesa y visitas a fincas

Entender de dónde vienen los alimentos fue otro de los ejes del campamento. Con la actividad “Del campo a la mesa”, los grupos reconstruyeron el recorrido de frutas y hortalizas desde la siembra hasta su consumo en casa.

Todas estas actividades se fueron completando con visitas a fincas agropecuarias de la zona para conocer las actividades realizadas en las mismas. En Horcajo de las Torres, conocieron la vaquería de leche Lavajo Grande, donde se producía leche; en Castronuño, recorrieron la dehesa Cartago de Arriba, con vacas para la producción de carne y cultivos de remolacha, patatas y viñedos; en Medina del Campo, visitaron los viñedos de Félix y participaron en un taller de trasplante de encinas con Marcelo de MediNatura. Por último, en Rueda, un pastor local les mostró de cerca el trabajo con sus ovejas. Durante esta visita, los niños y niñas estuvieron acompañados por una ingeniera agrónoma que les mostró un dron y sus aplicaciones en agricultura y también realizaron visitas a distintas cajas nidos para rapaces, utilizadas como herramienta de lucha biológica contra plagas, de la mano de la Junta Agropecuaria.

Estas visitas han sido clave. Los agricultores y ganaderos recibieron a los grupos con gran entusiasmo, generando un clima de colaboración y aprendizaje mutuo.

Semillas, cohetes y juegos

Los momentos más creativos llegaron con la construcción de bombas de semillas y semilleros, donde los monitores explicaban qué es y cómo ocurre la germinación. Los grupos fabricaban bolas de humus de lombriz, tierra de cultivo y arcilla y pegaba semillas combinadas ente sí para lanzarlas en los alrededores del campamento. Los semilleros se elaboraban con una huevera, donde se preparaba un sustrato con semillas, se hidrataba y se cubría con papel film para hacer efecto invernadero. Al finalizar el campamento los niños se los llevaron a casa para seguir cuidándolos. También fabricaron y lanzaron cohetes hidráulicos realizados con botellas recicladas y cartón, poniendo a prueba la mejor inclinación, el nivel de agua y la presión de aire para lograr la trayectoria perfecta, utilizando para ello un hinchador de bicicletas.

El aprendizaje se reforzó de manera lúdica con dinámicas como el “Pasapalabra del campo”, donde repasaron lo aprendido en las visitas de una forma divertida y competitiva.

Una experiencia muy positiva

La valoración general de los campamentos ha sido excelente. Los niños y niñas han participado con entusiasmo, mostrando curiosidad y disfrutando de un ambiente de convivencia y confianza. Las familias han destacado la oportunidad que supone acercar a los pequeños al medio rural y la importancia de cuidar los recursos naturales.

Los propios monitores coinciden en que la experiencia ha sido enriquecedora: “Nuestro papel como educadores es muy bonito porque nos permite despertar su curiosidad, aprender con ellos y, al mismo tiempo, mantenernos conectados a las inquietudes de las nuevas generaciones”.

Los campamentos del Life IP Duero han demostrado que la educación ambiental, si se plantea desde la práctica y el juego, deja huella en los más pequeños. Este verano, los niños han comprendido mejor el funcionamiento del suelo, el agua o los cultivos y también han aprendido a valorar el trabajo agrícola y ganadero y a respetar el entorno natural. Con estas actividades, el proyecto Life IP Duero refuerza uno de sus objetivos principales: implicar a la ciudadanía, desde la infancia, en la conservación del agua y el suelo en la cuenca del Duero. Porque cuidar del medio ambiente empieza con pequeños gestos… y con grandes experiencias como las vividas este verano.

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EL PROYECTO

Un proyecto que permitirá ordenar los recursos hídricos de la cuenca del río Duero a través de soluciones innovadoras, sostenibles, participativas y exportables al resto de la cuencas hidrográficas. Este proyecto LIFE integrado, comienza su andadura en 2018 y tiene previsto una duración hasta el 2027

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